lunes, 23 de noviembre de 2009

Entrevista con Gianni Vattimo

Con Vattimo, filósofo y político
El intelectual como terapeuta
La disolución de la realidad única, el papel de los intelectuales, la ausencia de una crítica literaria sustantiva y la contribución de la hermenéutica para inventarla fueron algunos de los temas abordados en esta entrevista que el pensador y diputado italiano concedió a BRECHA a su paso por Montevideo.*
Juan Bernassa


-¿Cómo entender la realidad hoy?
-Se puede entender desde muchos aspectos diferentes. Ante todo desde la multiplicación de las perspectivas culturales: no tenemos más una mirada unitaria, hegemónica de la realidad. Por otro lado, esa multiplicación de las culturas es una conquista de las tecnologías de las ciencias, en la medida en que la tecnología de la comunicación permite el conocimiento de diferentes perspectivas.
Otro aspecto es que las ciencias, cada vez más especializadas, hablan de objetos que no son objetos de experiencia (neutrinos, agujeros negros, por ejemplo). Son todos objetos que no se ven y su verdad la conocemos a través de las tecnologías que los realizan.
No hay algo que podamos imaginar que esté más allá de las interpretaciones.
Obviamente no creo que las interpretaciones creen, construyan todo, pero no se puede hablar de un más allá de las interpretaciones, porque siempre una interpretación encuentra otra interpretación. Esto me parece consumir la noción de realidad en favor de una noción de intersubjetividad. Lo que se llama realidad es una intersubjetividad compartida, aceptada. Incluso las tesis de las ciencias experimentales son verificables dentro de un marco que una a los expertos. Yo no podría hacer un experimento de física, debo volverme a los expertos. Por otro lado yo verifico, falsifico dentro de un lenguaje, de una cultura, de un conjunto de prejuicios, de un paradigma.
Todo esto no es una pérdida sino una ganancia. Hay una transición, una transformación desde la realidad inmediata hacia una verdad concebida cada vez más como diálogo, como acuerdo, como consentimiento. Esto me parece una actitud cristiana, porque en lugar de la verdad se sitúa la caridad. Lo que consideramos verdadero es lo que podemos mostrar al otro, dialogando, aceptando, dando supuestos compartidos.

-No más fundamentaciones en principios primeros, absolutos, objetivos...
-No, no en principios objetivos. Esto fue un descubrimiento de Nietzsche: que los tales principios son producto, siempre, de autoridad. Cuando alguien pretende decirme la verdad tiene la intención de imponerme algo que él cree que es verdad. Es legítimo, pero no puede pretender que yo acepte una verdad que él comprende y yo no.

-¿Cómo se tomarían las decisiones?
-Se decide no sobre bases de algo que se revela finalmente indiscutible, sobre un acuerdo de tipo jurídico. En los acuerdos de tipo jurídico siempre hay lo que Aristóteles llamaba "el justo medio". No se trata de la verdad sino simplemente de algo que yo acepto para resolver una situación, perdiendo por una parte y ganando por la otra. Es una manera de articular un sentido común. Muchas de las verdades que respetamos y acordamos son de tipo aristotélico, de "justo medio". La verdad deviene, así, algo más moral que cognitivo. Lo ético está antes que el conocimiento.

-Desde esa perspectiva, ¿cuál sería el papel del intelectual?
-El intelectual tiene que contribuir a disolver la inmediatez de las ultimidades ideológicas, elaborando también argumentos razonables para poner a la gente de acuerdo, para mostrar significaciones. La tarea del intelectual es más la de, por un lado, esclarecer analíticamente las consecuencias de un hecho, y, por otro, plantear soluciones.

-¿Una vanguardia débil?
-No, porque la vanguardia era algo muy destructivo que creía poder dejar de lado todo lo tradicional y que al mismo tiempo se sentía autorizada a una condición profética. No creo que el intelectual, el filósofo, sea un profeta, sino un terapeuta, un intérprete -como dijo Habermas-, un realizador de puentes entre territorios diferentes. Esto me parece un aporte constructivo, no basado en principios primeros sino en el análisis, en la reanimación de tradiciones culturales, de libros, de ideas que permitan circunstanciar producciones.

* Vattimo vino a Uruguay como parte de los festejos de los 150 años de la Universidad. Dio dos conferencias, una en la Facultad de Ciencias Económicas y otra en el teatro Stella d'Italia, auspiciada esta última por el Instituto Italiano de Cultura. Ambas desbordaron de público.

Fuente: Brecha, 6 de agosto de 1999

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